jueves, 13 de enero de 2011

El Juicio ante el gran trono blanco


EL JUICIO ANTE EL GRAN TRONO BLANCO.
Esta lección se ocupa de los eventos preliminares al reino eterno, donde Dios Padre tomará para siempre el reino en medio de los seres humanos.
Ha de entenderse que el reino de los mil años, no es el reino final; porque todavía falta que Satanás sea echado al lago de fuego y azufre para siempre jamás.

Eventos preliminares al establecimiento del reino eterno:
I-) LA ÙLTIMA REBELIÒN DE SATANAS.
Después de que la humanidad ha gozado de mil años de paz, sobreviene la última gran rebelión de Satanás.

El encadenamiento y encierro de Satanás tiene como principal objetivo que el reino de Cristo en el milenio se de en perfecta paz.
Pero después de esos mil años de encierro, Satanás es liberado; no es que el diablo logra liberarse, sino que Dios determina liberarlo (Apocalipsis 20:7).
No podemos entender si existe otro  propósito de Dios al soltar de su prisión al diablo después de mil años encierro, en que el mundo entero ha estado fuera de la influencia de este perverso ser.
Sin embargo, queda claro que Dios tiene un propósito al liberarlo de su prisión.
Entre ese propósito podemos notar dos hechos importantes:
1) Que Satanás no tiene la capacidad de cambiar su esencia malvada.
2) Que los seres humanos no transformados, no son capaces de vivir en paz y obediencia permanente a Dios.

Analicemos mas concretamente estos dos hechos, tomando como base las escrituras del Apocalipsis.

Hecho número uno: 1  Satanás no cambia su esencia malvada:
Desde que Satanás se reveló contra Dios, se embarcó en una carera perversa y abominable: Tomar el lugar de Dios. En ese deseo de altísima soberbia y arrogancia, Satanás ha cometido innumerables atrocidades contra la creación de Dios y contra sus mas estimadas criaturas, llegando a convertirse en fuente de mentira, homicidios, destrucción, pillaje contra el ser humano y toda clase de abominaciones; apadrinando al ser humano corrupto; haciendo brotar lo peor del hombre (Juan 8:41-44).
En la mente de algunas personas que ignoren el incorregible carácter perverso del diablo, y su inmutable carácter de homicida, mentiroso y engañador; podría caber la idea de que Satanás pueda regenerarse después su amarga experiencia en su largo encierro de mil años. Sin embargo, al ser liberado de su prisión, el mismo va a demostrar que su naturaleza malvada es inmutable. Pues lnmediatamente que es liberado del abismo en que estaba encerrado y encadenado, sale a hacer lo que es propio de su carácter: Engañar.

a) Satanás sale a engañar a las naciones(Apocalipsis 20:7,8).
No se dice concretamente con que mentiras y argumentos sale Satanás a engañar a las naciones. Pero es posible que haga lo mismo que hizo con Eva en Edén: Ofrecer falsamente a los seres humanos hacerlos semejantes a Dios (Génesis 3:4,5).
Que Satanás logre engañar a tanta gente no puede entenderse de otro modo; porque es bastante difícil que después de haber vivido en un reino de justicia y paz, puedan revelarse contra Cristo, sin una oferta de tener "algo mejor y mas grande" de lo que en el reino milenial Dios les daba. Debemos reconocer que el engaño ha sido la arma mas poderosa de Satanás para apartar al hombre de los buenos propósitos de Dios. El apóstol Pablo le recuerda esto mismo a la iglesia: Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo” (1ª Corintios 11:3). Evidenciando la siempre perversa acción del diablo que engaña y extravía al hombre.
No es de extrañar entonces, que Satanás haga lo mismo esta vez, y engañe a las naciones, como es su costumbre.
Y que fascine sus mentes con ofertas mentirosas para llevarlos como sus aliados a la guerra contra Cristo y sus Santos.
Sea cual fuere el argumento con que Satanás engaña a esas naciones, lo cierto es que la palabra de Dios nos revela que lo logra, y que reúne a una enorme cantidad de gentes contra los Santos.
Es tan grande el numero de aliados que el diablo logra llevar a la guerra, que Juan los describe “como la arena del mar” (Apocalipsis 20:8).
Satanás es derrotado para siempre:
Después de lograr engañar a un gran numero de personas, Satanás los lleva a rodear a los Santos y a Jerusalén.
La palabra de Dios no nos dice nada de cómo toma Cristo y sus Santos esta invasión y sitio que sus enemigos hacen contra Jerusalén; pero parece ser que no muestran ni una pequeña inquietud a causa de la inminente guerra que Satanás está trayendo contra ellos.
Es notable el hecho de que Cristo no haya tenido que ocuparse de pelear contra Satanás. Vemos que cuando Satanás fue encadenado y lanzado al abismo, fue un ángel quien actuó contra el diablo; y en este caso, en que se levanta contra Cristo, después de mil años de paz; es Dios el padre que se encarga de Satanás y su gran ejército, y de modo sorprendente y sobrenatural, los derrota: Hace caer fuego del cielo y los consume.
Y Satanás es lanzado al lago de fuego y azufre, (Apocalipsis 20:10) donde, desde hace mil años habían sido lanzados sus aliados de la gran tribulación: La Bestia y El Falso profeta (Apocalipsis 19:20).
Es asi como Satanás es derrotado para siempre, y echado en su prisión eterna: El Infierno. Que es lugar de su condenación de cadena perpetua; porque estará allí por los siglos de los siglos; donde será atormentado juntamente con sus secuaces para siempre jamás (Apocalipsis 20:10).

Hecho número dos: Los seres humanos no transformados, no son capaces de vivir en paz, y en obediencia permanente a Dios:
La liberación de Satanás, no solo demostró su incorregible carácter perverso; además, demostró que el ser humano no transformado, no puede vivir en el reino de Dios; porque no puede sujetarse permanentemente a Dios.
En la actualidad, los seres humanos nos escudamos en toda clase de excusas para justificar nuestras acciones impropias; Si hay delincuencia, decimos que es por causa de la injusticia de los gobiernos; Si hay robos y asaltos, lo achacamos a la desigualdad de oportunidades; Si los empleados se vuelven corruptos, decimos que es por causa de los malos salarios; y así, para cada pecado, sea de la sociedad o de un individuo, siempre tenemos una excusa. Pero después de haber vivido un larguísimo periodo de justicia y paz, donde el mismo Príncipe de Paz (Jesucristo) ha reinado con equidad, no queda ninguna razón que justifique la rebelión del ser humano.
No queda pues, ningún argumento al ser humano que justifique su pecado delante de Dios y de los hombres; porque en el milenio tendrán la mas grande oportunidad de mostrar la inherente esencia de su ser interior. Pero lastimosamente, quedará demostrado que los designios de su corazón es de continuo el mal (Génesis 6:5-13). Y ésta es la base del juicio de Dios sobre el hombre: Que la maldad del hombre no transformado, es continua e irrefrenable.
Por esa triste realidad vino el juicio en tiempos de Noé. Esa fue también la causa del juicio sobre Sodoma y Gomorra. Y sin lugar a dudas, esa será también la causa del ultimo gran juicio de Dios sobre la humanidad después de la era de paz de mil años.
Queda claro, por el testimonio de La Palabra de Dios, que en el reino milenial, la humanidad no se sujetó a servir a Cristo por verdadero amor y gratitud; pues cuando tuvieron “una mejor oferta” de parte de Satanás, se revelaron en masa contra Cristo y su reino de justicia y paz (Apocalipsis 20:1-9).
El terrible juicio de Dios sobre toda esta gran muchedumbre de gentes, que nos recuerda el juicio sobre las gentes de Sodoma y Gomorra, debe ser entendido como la inevitable acción de Dios a fin de erradicar para siempre toda rebelión que desestabilice la completa armonía de los redimidos y del reino eterno de los cielos.

II) EL JUICIO DEL GRAN TRONO BLANCO:
Después de la última rebelión de Satanás, y la consecuente derrota de éste y sus aliados, se pasa al juicio ante el gran trono blanco, o lo que también se podría llamar “El Juicio Final”.
Es importante que podamos aclarar algunas cosas acerca del juicio ante el gran trono blanco:
a-)  Que el juicio de los creyentes no es el mismo de los incrédulos.
La palabra de Dios nos declara que todos tenemos que comparecer ante el trono de Dios para ser juzgados, para recibir conforme lo que hayamos hecho mientras estábamos en el cuerpo; sea malo o sea bueno (Romanos 14:10. 2ª Corintios 5:10). Aunque ciertamente el creyente ha de ser juzgado, su juicio no es el mismo de aquellos que no hayan sido regenerados como hijos de Dios por El Espíritu Santo; El juicio de los creyentes será en un tribunal diferente del que se hará ante el gran trono blanco; El juicio de los justos, se llevara a cabo en el tribunal de Cristo (2ª Corintios 5:10).
El juicio de los creyentes, es un juicio para recompensa; porque en ese juicio no se juzgará si el creyente es digno del castigo eterno; sino que este juicio será para decidir si es digno de los galardones que el Señor a preparado para los que le sirven.
El creyente tiene la gran dicha de no ser juzgado para condenación porque Cristo pagó el rescate por el pecado de los creyentes (Romanos 5:1; 8:1,2).
Por la abundante gracia y misericordia de Dios, podemos estar seguros que Cristo esta sentado a la derecha de la majestad del trono de Dios para interceder por nosotros, mostrándose él mismo como rescate por nuestros pecados. Y ante esa irrefutable evidencia de nuestra justificación, no hay quien pueda condenar (Romanos 8:34. Hebreos 10:12-14). Sin embargo, es necesario entender que sí estaremos en el juicio del gran trono blanco; no para recibir condenación, sino para testificar de la abundante gracia de Dios sobre los hombres, para escuchar decir al Cordero de Dios: Ellos (los creyentes) son libres por mi sangre. Lo cual constituirá un testimonio de justicia para aquellos que serán condenados al castigo eterno, de que la misma oportunidad de salvación tuvieron todos los hombres (Juan 3:16). Porque los creyentes no se habrán ganado el cielo por sus obras; sino por la fe en Cristo; por la abundante gracia y misericordia de Dios (Efesios 2:4-9).
Cabe, todavía, hacer una importante observación acerca del juicio de los creyentes, ésta es: Que no todos los que dicen ser creyentes son salvos.
La anterior declaración ha sido la mas controversial de todas las cosas que se hayan dicho a cerca de los creyentes; sin embargo, es necesario recalcar esta verdad para que aquellos que quieran ser genuinamente creyentes, tengan la oportunidad de salir del engaño de Satanás.
¿Por qué hablamos de engaño? Porque hay quienes piensan que no importa si vives en inmundicia y pecado; si has dicho: “Me arrepiento de mis pecados y acepto a Cristo en mi corazón”, entonces ya eres salvo, no importando si hay evidencias de regeneración del corazón. Ellos argumentan que “lo importante no es lo exterior, sino lo que hay en el corazón”.
Quienes piensan así, ignoran que lo que hay en el corazón se evidencia por los actos hacia nuestro exterior; “porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34; 15:18-20. Marcos 7:21-23).
Hay una doctrina que surgió en la iglesia desde hace muchos años, que asegura que “el salvo es siempre salvo”. Esa doctrina ha llevado a muchos al triste engaño de hacerles creer que aunque vivan en continuo pecado y depravación, aun así son salvos. Como argumento usan sobre todo, el pasaje bíblico de Efesios 2:8,9. Amparados en este texto, al cual sacan de contexto doctrinal, argumentan que: “Como la salvación no es por obras, sino por fe; entonces, no importa lo que hagas, no puedes perder tu salvación”.
Para aclarar esa peligrosa confusión, es necesario referirnos a algunas verdades importantes en relación a los verdaderos creyentes, que son los salvos:
Los verdaderamente salvos son los adoptados hijos de Dios:
Pero para ser adoptados hijos de Dios, se requieren algunas cosas importantes a saber:
1- Un corazón arrepentido.
Debe entenderse que un corazón arrepentido se evidencia a través del cambio de conducta. Es decir, que un corazón arrepentido, ya no ama la impureza ni el pecado; porque se ha vuelto de lo impuro a lo puro. Y alguien que ame el pecado porque vive en el, no puede decir, con razón, que tiene un corazón arrepentido. La escritura dice que un corazón no arrepentido “acarrea juicio y condenación para sí” (Romanos 2:4,5).
2- Recibir a Cristo y creer en él. (Juan 1:12).
El arrepentimiento del corazón, va de la mano con el consecuente acto de creer y recibir a Cristo. Pero debe entenderse que recibir a Cristo y creer en él, es mas que confesarlo con la boca; es aceptar su mensaje y vivir su palabra. Estos pasos antes descritos, son la antesala para la evidencia y comprobación de la paternidad de Dios sobre el creyente.
3- Recibir el Espíritu de Dios.
Este es el mas significativo hecho que evidencia que somos hechos hijos de Dios. A ese hecho es a lo que se le llama “nuevo nacimiento”. Y es un “requisito imprescindible para poder heredar el reino de los cielos (Juan 3:3,5). Pero, ¿Cómo saber si somos hijos de Dios? Es precisamente la presencia del Espíritu Santo en el creyente, que contesta esta inquietante interrogante; porque es el Espíritu de Dios en nosotros el principal testimonio de que somos hijos de Dios (Romanos 8:16). Este testimonio interior del Espíritu de Dios en nosotros, es el que nos hace saber sin lugar a dudas que somos hijos de Dios, y es importante sobre todo para nosotros mismos como creyentes; pues somos nosotros los mas interesados en saber que somos genuinamente creyentes e hijos de Dios. Porque no importa tanto que otros estén seguros de tu autenticidad de creyente; sino que tu mismo en verdad puedas estar seguro de tu salvación.
El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de él (Romanos 8:9).
Esta es otra importante verdad en relación con los salvos.
Resulta de suma importancia el hecho de que podamos tener el Espíritu Santo en nuestro interior, porque este es el sello de garantía de que somos propiedad de Cristo; y esto se evidencia por vivir apartados de las obras de la carne, y a su vez, vivir apegado a la vida del Espíritu (Romanos 8:9).
La presencia del Espíritu de Dios en nosotros es la garantía de una vida de total transformación que nos aguarda en los cielos a todos aquellos que hemos sido sellados para salvación (2ª Corintios 1:22; 5:1-5. Efesios 1:13,14).
Además de lo ya dicho, podemos notar otra poderosa verdad acerca de la presencia del Espíritu de Dios en el creyente:
a) La Guianza del Espíritu Santo al creyente, es una evidencia inequívoca de que somos hijos de Dios (Romanos 8:14).
Una de las verdades mas gloriosas a cerca de los creyentes, la constituye el hecho de que el Espíritu Santo nos fue dado para guiarnos a toda verdad. Pero tenemos que reconocer con bastante alarma, que muchos creyentes se han vuelto a conceptos vanos, ignorando el testimonio del Espíritu; siguiendo doctrinas de hombres, y no preocupándose de ser guiados por el Espíritu santo.
En su afán de creerse dentro del plan de salvación, pero sin sujetarse a la guianza del Espíritu; estàn dispuestos a creer cualquier doctrina engañosa que les permita seguir viviendo impíamente.
Sobre estas personas que menosprecian la santidad del Espíritu de Dios en la vida del creyente, y que predican y viven una falsa libertad, creyendo y argumentando una infatuada madurez, sobre de ellos profetizó ampliamente el apóstol Pedro.
Para apercibir a los verdaderos creyentes, Pedro pone como ejemplo la irremisible decisión de Dios de castigar a los àngeles que pecaron. Según el apóstol, ese juicio es la mas convincente evidencia de que Dios castigará con el mas severo juicio, condenando  a aquellos que, en ves de apegarse a la doctrina de la santidad  y la obediencia, mas bien han decidido rechazar la guianza del Espíritu, y han decidido crear su propia doctrina; a fin de vivir en su liviandad y su propia concupiscencia.
 Además, el apóstol advierte que el juicio de Dios sobre Sodoma y Gomorra, es otro ejemplo significativo de la firme decisión de Dios de castigar a aquellos que llamándose creyentes han decidido vivir impíamente (2ª Pedro 2:1-22).
El fruto del Espíritu evidencia a los salvos:
Finalmente, es bueno hacer notar que la presencia del Espíritu Santo en la vida del creyente, se evidencia ante los demás por el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-24). Por eso podemos decir con certeza, que aquellos que viven manifiestamente en las obras de la carne, se engañan así mismos cuando piensan que son salvos (Gálatas 5:19-21).
Todo aquel que piensa que puede vivir impíamente sin perder la salvación, debe recordar con seriedad las palabras de nuestro Señor Jesucristo: “Por sus frutos los conoceréis… todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos”.
b) Que el juicio de las gentes impías es para condenación eterna.
El juicio de los no creyentes difiere por mucho del juicio de los redimidos. Esta diferencia radical se debe al hecho de que mientras el juicio de los redimidos es para ser galardonados; el de los no creyentes es para condenación. 
Debemos entender que estos juicios son totalmente diferentes. Cuando la Biblia se refiere a la comparecencia de los creyentes, lo hace en relación al tribunal de Cristo. Pero cuando habla del juicio de los no creyentes, se refiere al gran trono blanco.
De lo anterior podemos deducir con claridad, que el juicio del trono blanco no es para la iglesia.
El juicio ante el gran trono blanco, ha de tomarse como el juicio final sobre el pecado donde tendrá efecto la muerte segunda.
Es tan relevante este momento de emitir el juicio sobre los seres humanos que en ese instante ocurren cosas terriblemente sorprendentes.
La Tierra y el cielo se desvanecen:
Cuando el juicio final vaya a dar comienzo, es el momento cumbre de sellar el destino eterno de los seres humanos. Este es el momento mas dramático desde la creación del hombre, y como testimonio del dramatismo del momento, la Tierra  y el cielo “huyen” de la presencia de Dios.
Esa palabra que el profeta usa para describir el desvanecimiento del cielo y la tierra, sintetiza el drama conmovedor de ese instante, y nos deja la impresión de que los miles de millones de seres humanos que serán juzgados, estàn de pie junto al trono de Dios, flotando en el vacío (Apocalipsis 20:11,12).
Los libros son abiertos:
Después del dramático momento en que el cielo y la tierra desaparecen de la presencia de Dios, se da inicio a revisar la evidencia condenatoria contra cada ser humano que ha habitado este planeta. Para ello se abren los libros de las memorias de todas las obras de cada ser humano de pie ante el trono de Dios. Ahí, en esos libros estàn escritas todas las cosas que cada uno hizo, tanto aquellas de las que tuvo conocimiento público, como aquellas que permanecieron ocultas por miles de años. Es aquí el momento cuando se cumple las palabras de Cristo que dijo: “No hay nada oculto que no haya salir a la luz” (Marcos 4:22) Y entonces se sabrá de las mas perversas cosas que se hicieron sobre la tierra, y se sabrá acerca de los mas grandes secretos escondido, tanto de personas como de organizaciones: gobiernos, logias, sociedades, instituciones etc.
El libro de la vida:
Entre todos los libros que fueron abiertos, estaba uno que el apóstol Juan distingue como especial.
Ese es el libro de la vida.
Ese libro de la vida, es el libro en que estàn escritos los nombres de todos aquellos que fueron redimidos. El que esté anotado en ese libro de la vida debe considerarse sumamente dichoso, porque eso le asegura que tiene garantizada la viada eterna.
Según palabras de nuestro Señor Jesucristo, la mayor razón de regocijo para los creyentes, debe ser el hecho de saber que sus nombres estàn escritos en este libro (Lucas 10:20).
Es por esa razón que este libro se destaca entre los demás libros porque este es el mas deseado de los tesoros del destino de la humanidad
La muerte y el hades son lanzados al lago de fuego y azufre:
Este momento deseado por siempre se cumple para dicha de los salvados, porque la erradicación de la muerte es el deseo de los hombres desde que el pecado entró al mundo y con el la muerte. Pero este momento es también el clímax de de ese día de juicio final que culminará con la condenación eterna en el infierno de todos aquellos que no hayan decidido vivir el camino de la abundante gracia de Dios, que con inmenso amor trató de salvarlos de este momento atroz (Juan 3:14-17).
Los condenados son lanzados al infierno:
A la destrucción de la muerte y el hades, le sigue la ejecución de la condena eterna de los incrédulos.
Al terminar este día de juicio, se cumple el destino de la humanidad: Una gran parte de ella yendo a al tormento eterno (Apocalipsis 20:15). Y  la otra gran parte, heredando la dicha perpetua de ser creados para alabanza de la gloria de Dios. Donde gozarán de paz perfecta, de gozo y delicias para siempre jamás.
Si al llegar a este punto del estudio de este tema, hay algún no creyente que haya tenido acceso a este folleto, y se sienta con un gran sentimiento de injusticia a causa del juicio de Dios; le recuerdo que el destino que Dios quiere para el hombre es la vida eterna, y que está disponible gratuitamente en Cristo Jesús para todo hombre (Juan 3:16,17). Y si algún creyente es embargado de tristeza a causa del destino de los incrédulos, lejos de sentir `lastima, debe tomar conciencia de esta verdad, y consecuentemente, debe sentirse impelido a ganar a muchos para la salvación.
Cielos nuevos y tierra nueva:
Después del juicio ante el gran trono blanco empiezan a venir todas aquellas cosas maravillosas que Dios ha preparado para los que le aman. La primera obra maravillosa de los regalos de Dios para la nueva humanidad, es que cielo nuevo.
Seguidamente, Dios hace una nueva tierra. No debe confundirse esto con una regeneración del cielo y e la tierra, sino, como una nueva creación del nuevo y eterno paraíso de Dios para el hombre.
Esta esperanza de una nueva creación es parte de la fe de los creyentes a través de todos los tiempos (Hebreos 11:13-16. 1ª Pedro 1:3-6. 2ª Pedro 3:13).
Establecimiento de la nueva Jerusalén:
El establecimiento de esta ciudad como una joya de entre todas las joyas, es la esperanza mas preciada de todos los creyentes, porque su establecimiento en la nueva tierra de Dios, significa la mas bienaventurada de las esperanzas de los creyente de todos los tiempos: morar eternamente en la presencia de Dios. Es así como precisamente Juan la escribe al verla bajar del cielo de Dios (el tercer cielo) Y una voz potente la anuncia como el tabernáculo de Dios; donde Dios mismo morará con los hombres y éstos con él, en una comunión estrecha (Apocalipsis 21:2,3).
Esta ciudad de Dios a la que el profeta llama “la nueva Jerusalén” es la mas gloriosa de todas las cosas creadas por Dios.
Esta creación es el tabernáculo de Dios que Dios le mostró a Moisés para que hiciera el tabernáculo de reunión. A este tabernáculo verdadero, es al que representaba el santuario del templo de los judíos. Y es tan sagrado y glorioso que el sumo sacerdote tenía que entrar con sumo cuidado, porque aun esta representación simbólica era tan santa que el sacerdote podía morir si estaba impuro en el lugar santísimo. Pero ahora que desciende el verdadero, los hombres tienen la gloriosa dicha de ver el rostro de Dios en estrecha comunión con él (Apocalipsis 21:3).


Dios mismo consuela a los redimidos:
En esta estrecha comunión que vivirá el ser humano con Dios, recibirá de la propia boca de Dios las palabras mas dulces de consuelo y ternura. Dios con sus propias manos enjugará las lagrimas de las mejillas de escogidos, como un tierno padre consuela y arrulla a su amado hijo (Apocalipsis 21:4).
Podemos decir con seguridad, que es indescriptible la dicha que estará disponible para los hijos de Dios.
El propósito de esta sublime esperanza del creyente, ha sido una poderosa fuerza que ha inspirado la fe y la valentía de los creyentes. De igual manera que en el pasado, esta esperanza cierta, debe constituirse en un poderoso motivo de nuestra fe para poder enfrentar con renovadas fuerzas las innumerables pruebas de nuestra vocación de fe.


William Tercero M.