lunes, 11 de octubre de 2010

Mío es el oro y la plata.

"Mía es la plata y el oro"  
Esta es una declaración de Dios, de implicaciones permanentes através del tiempo. Esa declaración de Dios aparece de manera concreta en el libro de Ageo 2:8: "Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos".
Dios siempre a querido que los creyentes dediquemos nuestras riqueza a él. Y es que resulta de suma importancia lo que hacemos con nuestro dinero. Un misionero que ha dedicado toda su vida a servir a Dios, lo resume de esta manera:
"Somos lo que hacemos con nuestro dinero". 
 Es bueno que podamos notar un hecho importante acerca de cuál es el propósito de Dios cuando nos hace prosperar, pues EL siempre tiene un plan para el uso de la riqueza que nos da. Dios puede darte las riquezas; la plata y  el oro de Egipto; pero tú debes honrarle con lo recibido. El problema es que a veces el que recibe el oro de Egipto  hace un becerro para adorarlo, dejando a Dios que lo dotó de gracia para obtener ese oro. Pero el plan de Dios al darnos el oro y la plata de Egipto, es edificar su tabernáculo.
Cuando Dios dice: "Mía es la plata y mío es el oro" tiene en mente que esta riqueza es para embellecer el tabernáculo de su morada con los hombres. Veamos esta asociación,- (plata y oro - gloria del templo) - en el libro de Ageo:
  • "Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos. 
  • La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera, ha dicho Jehová de los ejércitos; y daré paz en este lugar, dice Jehová de los ejércitos. (Ageo 2:8,9).
Así que la abundancia de la plata y el oro que el favor de Dios haría obtener a los israelitas, estaba reservado por Dios para le edificación del tabernáculo; para la gloria de su casa. Porque el oro y la plata son de Dios, para la gloria de su casa.
Sin duda Dios ha querido prosperar a sus hijos, pero esta prosperidad ha de dar gloria al Señor. La biblia registra en muchas partes la forma en que Dios hizo prosperar a su pueblo o a un creyente en particular. y la forma en que éstos usaron su riqueza.
Pero para comenzar a escudriñar este tema me referiré a  la que narra el libro de Éxodo cuando el pueblo de Dios estaba a punto de ser liberado de la esclavitud. Allí, se anota un hecho sorprendente: Dios prometió poner gracia en el pueblo de israel para que éstos pidieran riquezas a los egipcios sus captores; Plata, oro, joyas, vestidos y todo tipo de valores, al punto de despojarlos. De este modo, planeaba Dios enriquecer a su pueblo. Veamos
"Y yo daré a este pueblo gracia en los ojos de los egipcios, para que cuando salgáis, no vayáis con las manos vacías;  sino que pedirá cada mujer a su vecina y a su huéspeda alhajas de plata, alhajas de oro, y vestidos, los cuales pondréis sobre vuestros hijos y vuestras hijas; y despojaréis a Egipto". (Éxodo 3:21,22).
Así mismo, es posible que Dios ponga gracia en sus hijos hoy para que obtengan abundante riqueza. Pero es posible que los que reciban esa gracia ignoren quien se las dio, y piensen que la riqueza obtenida es tan solo el producto de su esfuerzo, destreza o mérito. Y tal parece que los israelitas cayeron en la trampa de ese errado pensamiento. Posiblemente los israelitas pensaran que la abundante riqueza obtenida de manos de sus esclavizadores egipcios, sería apenas la restitución justa que les daba alguna imdegnización por tantos años de duro trabajo sin paga. Ellos havían vivido varias generaciones en esclavitud; Pero ahora recibirían una compensación apenas justa. Si alguien alguna ves ha pensado que es más que merecedor de la riqueza que obtiene, éstos son los esclavos israelitas en Egipto.Y ante este hecho, cobra mayor relevancia la declaración de Dios: "Mía es la plata, y mío es el oro" Y es que sin importar el costo de obtener "nuestras" riquezas, no cambia el hecho de que Dios sigue siendo el dueño de la plata y el oro. Y esto quita todo argumento de mezquindad para con Dios. Ante la declaración de propiedad de Dios sobre la "plata y el oro" ningún
argumento es válido para quedarnos con lo que es de Dios. La aceptación de esta verdad nos guarda de hacer con "nuestra" plata y "nuestro" oro (nuestros bienes) lo desagradable para Dios. Si los israelitas hubieran llenado su conciencia con el conocimiento de esta verdad, jamás habrían deshonrado a Dios con su oro. Como vemos, la aceptación del conocimiento de que la riqueza del creyente es de Dios, es un poderoso principio que nos libra de pecar contra Dios al usar nuestros bienes.

(Esta nota es parte de un borrador de un proyecto para un libro)

William Tercero M.

3 comentarios:

Nicolás Barrantes Lizcano dijo...

Le agradezco mucho al hermano por su artículo, me ayudo enormemente a mi crecimiento y entendimiento del manejo de los bienes que Dios nos permite administrar para su honra. Muchas Bendiciones!

Nicolás Barrantes Lizcano dijo...

Gracias por el valioso aporte del artículo. Me ha sido de gran bendición y me aumenta el entendimiento... para salir de mi ignorancia. Gracias!

Sétimo WIIIM dijo...

Gracias Nicolás por tus amables palabras. Me da mucho gusto que lo escrito haya sido de provecho para ti. Dios te bendiga.